Mujeres Afrocolombianas, Carimbas en la historia de Cimarronas Ennegrecidas

Mujeres Afrocolombianas, Carimbas en la historia de Cimarronas Ennegrecidas

rosith-amira-martinez por Rosith Amira Martinez

 

“Doy fe del heroísmo de todas las mujeres,

de nuestras madres, abuelas, bisabuelas,

esclavas y libertas, ¡de las que aún no encuentran

espacio en el planeta!

 

Maestras, costureras, brujas, cocineras,

poetas, narradoras y actrices

que representan cada día, en medio de esta noche tenebrosa,

el drama de la vida que ellas minimizan.

 

Esposas abnegadas que viven otras vidas”


Sayly Duque Palacios

Fragmento  “Feliz día mujeres de la mina”
Por: Rossih Amira Martínez Sinisterra

Es necesario comprender las prácticas de exclusión que muchas veces ni siquiera son palpables en la mirada desprevenida de quienes consideran que la historia está mal contada. Esta apreciación válida (aunque desprevenida) se expresa muchas veces en las demandas de algunos grupos sociales porque hace falta decir o mostrar algunos episodios que sus abuelos o abuelas les contaron; algunas configuraciones de personajes (regularmente masculinos) que fueron quienes realmente posibilitaron la consecución de logros trascendentales; o para darle un lugar de relevancia a algunos sucesos históricos que parecieran ser no muy importantes; la pretensión de este artículo es generar algunas reflexiones sobre la necesidad de desdibujar el guión historiográfico oficial, para posibilitar reconocernos en una historia aterrizada en las diversas características que los pueblos, los grupos y los sectores más excluidos han generado como parte activa en el transcurrir de los acontecimientos históricos.

 

Enfatizar sobre la necesidad de NO SEGUIR CONSIDERANDO PELIGROSA O RENCOROSA la re-escritura de las memorias de la esclavización y que tiene mucho sentido el despliegue de medidas que vayan contrarrestando los impactos nefastos de la institución de la esclavitud. La aparición de los seres que desde la cultura hegemónica se hicieron transparentes en el desarrollo de las faenas de algunos “próceres” de la nación y digo transparentes porque en medio de la influyente presencia de los y las africanas y sus descendientes en cada uno de los episodios que han ido hilando la golpeada historia de conflictos, penas, melancolías, sevicias y falsas victorias que ha enunciado la oficialidad, se decidió como parte fundamental del discurso constitutivo de la identidad nacional, eclipsar la presencia africana, a través del discurso del mestizaje; discurso este que ha permitido la valoración de las acciones de las elites y de individuos hombres europeos y blanco-mestizos.

El desconocimiento que se tiene en Colombia sobre los aportes de las comunidades no blancas; no masculinas; no blanco-mestizas (en conclusión, no hegemónicas) es abrumador; en tanto que los cientos de episodios de la historiografía oficial se han encargado de excluir a los grupos sociales que conforman la inmensa multiplicidad de las bases colombianas y que se diversifican en sectores como:  el campesinado, los pueblos étnicos, la clase obrera, los grupos sexualmente diversos y los y las descendientes de quienes fueron víctimas de la institución de la esclavización y la trata trasatlántica de hombres y mujeres africanas secuestradas.

La esclavización, un episodio pendiente y determinante en la historia de Colombia que todavía no ha sido contado por quienes son descendientes de las víctimas; que está poco investigada y que depende de la capacidad de combatir el miedo absurdo de remover el pasado y la memoria del sistema comercial más tortuoso e inhumano de la historia. Por supuesto, esta remoción del pasado debe garantizar que el Estado (y las elites enriquecidas gracias al trabajo realizado por la gente negra-africana y afrodescendiente), admita que las causas de los impactos negativos que acaecen sobre las comunidades Afrodescendientes tienen sobre todo su raíz en el sistema esclavista y racial que desencadenó la colonización en América y África; luego de ello las políticas y la inversión estatal deben generar medidas pertinentes y reparativas, para eliminar los obstáculos que poseen los pueblos y personas Afrodescendientes en los procesos de movilidad social, política, económica y cultural, esto para garantizar sobre todo que el mejoramiento de sus condiciones de vida se aligere.

De manera plural los hombres y mujeres que han sido puestos en la historia como (objetos comerciables, inhumanos/as, salvajes, anímales, bienes inmuebles) “esclavos/as” no podrían deshacerse de los efectos adversos que está ubicación societal generaría y por supuesto de los efectos del racismo estructural, la desaparición de sus contribuciones en la memoria histórica nacional genera una absurda ceguera en los currículos que se imparten en escuelas, colegios y universidades, pero que también se socializa en los medios masivos de comunicación, en los escenarios comunitarios, en la familia y en los círculos sociales.  En contraposición al guión oficial, se podrá encontrar en las reivindicaciones del movimiento social afrocolombiano los diversos capítulos de la memoria histórica que sobrevivió gracias al invaluable y estratégico accionar de la tradición oral; una memoria que enumerará más hombres que mujeres Afrodescendientes, porque sin duda quién entra en el estado de sujeto colonial, no podrá desligarse fácilmente de las formas de opresión más perversas, las que no dejan de sangrar bajo la herida candente sufrida por la carimba en la mente.

Negadas por ser Mujeres

La historia también ha reseñado la participación de las mujeres en lugares de desobediencia y sublevación, pero estos hechos siempre concatenados a la afirmación delictiva de quienes no se ajustan a lo establecido, por ende, se condenaron muchas prácticas emancipadoras, convirtiéndolas desde la lógica dominante, en acciones lesivas para la sociedad.  Practicas ancestrales que en algunas ocasiones tuvieron más poder que los mismos emporios económicos colonialistas, me refiero a las grandes producciones de conocimiento espiritual, que se concentran en la llamada Brujería y Hechicería y que desde la escritura cristiana para diferenciarla cuando es practicada por personas blancas o para asignarla a los hombres se utilizó el término Magia como eufemismo, por ejemplo, para utilizar el eufemismo de la palabra Brujo que practicaban las figuras difusas de los “reyes magos” (estos que además tuvieron que haber sido todos de pieles tan oscuras como la noche) en lugar de llamarlos líderes espirituales.

Sin duda, la historiografía oficial, escrita en su mayoría por hombres, no detalló sino los relatos que con ojos patriarcales (racistas y colonialistas) describieron el transcurrir de los acontecimientos nacionales, regionales y locales; no se puede negar que en términos generales la historia ha sido relatada de manera excluyente y que no solo ha generado una memoria histórica colectiva mayoritariamente masculinizada sino que también ubicó en un lugar de dominación a las mujeres y la aparición de estas se limita a la participación estereotipada en las leyendas rellenas de aventuras erótico-afectivas, de sirvientas, de damas de compañía, de tormentos amorosos y de brujas maliciosas.  Aún así y saliéndonos del discurso dominante y entrando a la práctica feminista de visibilizar y reconocer las contribuciones que las mujeres han hecho, a través de la historia pasada y contemporánea, también se encuentra que los retratos consolidados son generalmente los de mujeres blancas o mestizas.

Por ser Negras, condena o libertad?

Seguramente en Colombia la memoria de algunas personas se desempolva un poco al nombrar mujeres como María Cano, Gregoria Policarpa Salavarrieta, Manuela Beltrán o la Cacica Gaitana (esta última mujer indígena que sobresale en la memoria histórica colectiva, en medio de las jerarquizaciones raciales que en un país como Colombia posibilita que el reconocimiento hacia los aportes indígenas se superpongan a los de la africanidad) todas ellas No Africanas-Negras-Afrodescendientes; y si seguido al ejercicio de tratar de desempolvar la memoria histórica, se le pide a algunas colombianas/os ilustradas/os que nos enumere al menos cinco mujeres Afrodescendientes que hayan sido participes importantes en el procesos de construcción de la “nación” colombiana, a lo cual seguramente la respuesta será que no sabe de alguna.  La construcción de una historia patriarcal, que trata de reconocer tímidamente algunas figuras de mujeres, ha preferido resaltar mujeres blanco-mestizas (su blanquedad no será el único rasgo determinante, esto se entrelaza con la clase social en la mayoría) e incluso podríamos decir que estas mujeres tienen mayor reconocimiento que el de algunos hombres negros-afrodescendientes que también se asoman de manera tímida en los escritos de algunos historiadores (que aún no se encuentran en los textos escolares reconocidos por la oficialidad y que sirven de instrumento pedagógico para contar la historia colombiana en las escuelas y colegios del país).

La construcción de una historiografía incluyente, no racista, no clasista, no patriarcal, no (hetero)sexista y no colonialista, todavía nos cobrará un buen tiempo, mientras que eso sucede, intentaré extender en este escrito lo que la tradición oral se ha encargado de sostener y que en algunos casos puede encontrarse en archivos históricos (esperando que los desempolven) y libros escritos por Investigadores/as especializados en temas Afrodescendientes.

Enumerar las mujeres Afrocolombianas que han hecho historia implica entender que las lógicas de acción colectiva de estos personajes, se convierten en el escenario fundamental para el desarrollo de sus contribuciones y que sus esfuerzos siempre se enmarcaron en la posibilidad de desafiar múltiples sistemas de opresión que desencadenan impactos muy particulares a un conglomerado de personas esclavizadas, en este caso particular, sobre Mujeres-Africanas-Diaspóricas-Esclavizadas-Sexualizadas-Ennegrecidas-Racializadas-Objetivizadas-SobreExplotadas-Violadas-Violentadas, pero que en medio de todas esas determinantes categorías, supieron desafiar el establecimiento hasta vencerlo de diversas formas.

No hubiera sido posible el cimarronaje (rebeldía y huída de esclavizadas/os que enfrentaron el sistema esclavista) sin la capacidad de creación de las mujeres Africanas y Afrodescendientes las que crearon un sistema complejo para graficar las rutas de escape hasta los territorios libres (palenques, quilombos, cumbes), lideraron los esquemas comunitarios de Arcabucos, consolidaron la posibilidad de tener espacios agrícolas en territorios ancestrales, constituyeron organizaciones de mujeres para la protección de la comunidad y para fortalecer los procesos de fuga (fueron especies de concejos de brujas), en medio del trabajo doméstico ejercieron un cimarronaje (llamado pasivo) que permitió derrotar las armas más fuertes de los autores intelectuales de actos llenos de sevicia contra las personas esclavizadas, descifraron el lenguaje no conocido para advertir sobre los planes de sus apoderados (amos), construyeron las nuevas configuraciones culturales y simbólicas de los pueblos Afrodescendientes, amamantaron a hijos e hijas de sus enemigos, criaron a los hoy llamados próceres de la Independencia de Colombia; contribuyeron con su sabiduría ancestral a la constitución de la medicina tradicional, al conocimiento de los ciclos vitales de los ecosistemas, del medio ambiente y de las fuerzas vitales de la naturaleza y sin clemencias, toda la producción económica del sistema colonial reposó sobre sus manos, hombros, caderas, úteros, vaginas y cuerpos enteros, es así como la generación de la riqueza del país depende en gran medida del trabajo forzado realizado por millones de mujeres negras-africanas en la época colonial.

Mujeres Negras como Agustina (siglo XVIII), gran líder de la rebelión que enfrentó a las insjusticia coloniales-esclavistas al denunciar con acciones de hecho, el maltrato, la violación y el abuso excesivo de quién la embaraza por medio coercitivo, hechos ocurridos en lo que hoy conocemos como el municipio de Tadó en el Departamento del Chocó, en donde varias haciendas esclavistas fueron incendiadas por acciones orquestadas por esta mujer rebelde; Catalina Luango, cimarrona en el territorio del Palenque de San Basilio, fue la sabia mujer que dio cura a los y las soldados de los ejércitos que defendían el territorio del Palenque, además de asistir a gran parte de la población cuando necesitaban de su apoyo; Polonia (siglo XVI), cimarrona que luchó con Benkos Biohó y comandó una cuadrilla de casi 200 mujeres cimarronas para enfrentar al ejército colonial en la región de Malambo (cerca de Cartagena) derrotando al capitán español Pedro Ordoñez Ceballos;  Ana María Matamba (siglo XIX), mujer esclavizada (luego liberta) que decidió sostener su legado vibrante del reino africano que ubicado en Angola se llamaba Matamba, la imposición del sistema esclavizador era que las y los esclavizados debían portar los nombres y apellidos que los amos esclavistas decidieran que tendrían, es así como a esta mujer la nombraron Ana María Layos en los registros oficiales, pero Matamba desde su rebeldía decidió sostener la memoria de un legendario reino que fue comandado por una mujer determinante en la historia Africana y el episodio de la trata trasatlántica de la esclavización, me refiero a la Reina Nzinga, gran líder africana que comandó el ejercito más temido por los tratantes de esclavizados/as en el continente Africano, Ana María Matamba se convirtió en la memoria local en el municipio de Honda de la participación de los Afrodescendientes en las gestas independentistas, de las innumerables rebeliones que permitieron consolidar palenques o territorios libres en todo el territorio nacional y ella se encargó de transmitir desde su conciencia inconforme la necesidad de buscar un verdadero proyecto de libertad para las poblaciones esclavizadas a quienes el proyecto independentista traicionó; Wiwa, cimarrona que comandó junto a Benkos Biohó, muchas batallas en defensa del territorio libre fundado en el siglo XVII y que posteriormente en el siglo XXI  fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; Orika, hija de Wiwa y Benkos Biohó, tan cimarrona como su madre, tan aguerrida como su padre, tan libertaria como el pueblo palenquero, estuvo al frente de varias estrategias militares que fortalecieron la defensa del hoy patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.  Es cierto que hay muchas otras mujeres Afrodescendientes que seguramente se quedaran por fuera de una columna como esta, pero que definitivamente deberán retumbar en las fibras de la memoria viva de los múltiples territorios donde dejaron sus alientos para proponer de manera activa, la construcción de un mundo sin el peso implacable de la injusticia, la opresión, la violencia y el racismo.

Cerraré este escrito dándole un lugar a la poesía (con la que también inicié para dar reconocimiento a estas mujeres poetizas Afrocolombianas), pero no sin mencionar que las mujeres afrocolombianas se han destacado en todas las áreas en las que se produce conocimiento, arte, ciencia, libertad y emancipación.

Esta vez, detallo las poesías Afrocolombianas del Pacífico (lugar en el que mi ombligo desde su nacimiento circula con pasión en medio de las memorias cantadas de la vida misma), que han producido históricamente las mujeres y que se despliegan entre los innumerables versos, décimas y composiciones líricas que han permitido la existencia de las músicas y cantos del pacífico sur (recientemente denominado como Patrimonio cultural Inmaterial de la Humanidad) y que enorgullecen la existencia de una tradición cultural ancestral que atraviesa las memorias, cuerpos y espíritus de la Afrodescendencia.


Carimba  –  Autora:
Lucrecia Panchano

 

Carimba. Marca de abominable esclavitud

que todo nos robó, excepto la conciencia

que en nosotros releva su física presencia

y enfatiza en el negro, su máxima virtud.

 

Carimba… marca indignante del vasallaje

que quiso destruir todas nuestras raíces.

Y aunque hoy presentamos diferentes matices,

somos supervivientes de infame coloniaje.

 

Después de varios siglos de ignominia y dolor

y con esa fe suprema que el negro vivifica,

por llevar en su ancestro ese, ¡algo! superior.

Carimba… Ahora es símbolo de libertad y amor
con un significado que el negro dignifica

y es la expresión auténtica de altivez y valor.

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